La banda de Bubión se estrena en la calle dejando un buen sabor de boca

Viernes. Último ensayo. Los nervios a flor de piel. Nunca antes se había respirado ese ambiente en el local. La responsabilidad es grande. Todos están con los instrumentos preparados puntualmente. Todo está listo para comenzar. Sólo falta el director.

Comienza el ensayo. Aparecen los puntos débiles. Después de dos horas de ensayo todos se despiden con un “hasta mañana” no habitual, con la inquietud de como saldrá al día siguiente todo.

Sábado. 7:30 am. Llueve. No parece que el sol vaya a aparecer por ningún sitio. La resignación de los músicos aumenta por instantes. Lo saben, no van a poder tocar la diana esperada. Aun así la esperanza no la pierden, puede que la lluvia de una tregua.  Después de más de una hora en la plaza del pueblo los músicos parece que ya no saldrán a despertar a este con su música pero media hora después unos tímidos e inesperados rayos de sol aparecen y hacen que puedan cumplir su cometido y hacer de despertador del pequeño pueblo.

La diana comienza y recorren todas las calles de Busquístar. Hace frío pero la gente sale a su paso y como es costumbre les ofrecen dulces, zumos, y como no, lo que nunca falta, anís, para poder entrar en calor. En cada parada un pasodoble por la invitación ofrecida. Algunos se animan hasta a bailar. Las paradas se suceden y el cansancio empieza a aparecer tras las numerosas subidas de las grandes pendientes características del municipio,  cuando llegan al pequeño bar de la villa le ofrecen la invitación a cambio de el tradicional “Paquito el chocolatero” para Paco, su dueño. Tras esta parada los músicos vuelven a la plaza de la localidad donde está la Iglesia. La gente empieza a aparecer y los músicos rápidamente se preparan para amenizar la espera antes de la misa de “San Felipe y  Santiago”. Tras el último repique y los pasodobles interpretados toca ir a misa y prepararse para tocar en la bendición el Himno Nacional Español, aquí la concentración juega un papel muy importante, ya que es un acto solemne y no se permite ningún pequeño fallo. La Banda sale airosa de la situación y con buen resultado. Tras la misa un pequeño gran concierto, gran porque se tocó casi todo el repertorio en el que se incluyeron pasodobles como “El gato montés” o “Nerva” en el que dos bonitos solos, uno de trompeta y otro de saxo dieron muchos puntos a la recién formada banda. Para cerrar “El último mohicano”, algo diferente, que la gente no acostumbra a escuchar en un concierto de este tipo. La multitud queda muy impresionada y hasta llegan a vitorearles ya que ha sido un estreno muy esperado, ha sido el primer concierto, el primer contrato, su primera vez fuera del local de ensayo.

A las 17:30 vuelta al trabajo. La banda queda para tocar en la tradicional corrida de cintas, pero esta vez el tiempo no da lugar, apenas se ve la casa más cercana debido a la niebla tan intensa y como hándicap llueve con mucha fuerza. A pesar del mal tiempo la banda no abandona la plaza y allí organizan un pequeño e improvisado concierto de percusión con el que la gente que va apareciendo por la pequeña y encharcada plaza acaba parándose para escuchar un rato. Sobre las ocho de la tarde vuelven a la carga ya que se ha despejado y la procesión saldrá, aunque la virgen de los Dolores no lo hará por miedo a que el manto se pueda estropear. La procesión se celebra sin ningún problema pero antes de encerrar el momento más emotivo. Los Dolores sale del templo y los músicos entonan el Salve. Son las once de la noche, el día termina por hoy para los músicos, pero ahora es el momento en el que pueden disfrutar un poco de las fiestas patronales. Sobre las doce quedan los más mayores para ver el concierto de “El Koala” con el que han hecho un trato, ellos le dedican “El gato montés” y el les dedica “Yo soy albañil”. En el concierto les dedica la canción aunque antes de irse a dormir los músicos aprovechan para bailar unos cuantos pasodobles y alguna que otra rumba.

Domingo. Mañana soleada. Los primeros rayos de sol apuntan a los ojos, pero no llegan a los de los músicos porque no hay ninguno que vaya desprovisto de unas gafas de sol. Comienza la diana, ahora por la estación oficial, paradas, anís, bizcochos, roscos y demás son ofrecidos a la banda de nuevo, pero esta vez la parada no termina en la plaza sino en la casa de una mujer de 82 años que es abuela de tres músicos de la banda. Aquí acaba la diana. Antes de la misa otra vez concierto pero esta vez apenas hay gente. Cuando llega la hora de tocar en misa, esta vez se hace de forma diferente ya que no sólo se toca el Himno Nacional Español sino que se toca además “Triunfal” y al término de la misa “Encarnación Coronada” que vuelve de nuevo a ser entonada por todos los músicos. De nuevo concierto pero esta vez la carpa está hasta los topes, no cabe un alfiler, mientras que tocan ya está instalada la paellera y empieza a oler a comida, el hambre empieza a planear sobre ellos pero antes de coger el plato de arroz tienen que cumplir con la gente.

Por la tarde un improvisto hace que los músicos se tengan que enfrentar a una ocasión especial, algo que nunca han tenido que hacer, y que muy pocas bandas ha realizado. Hay un difunto en el pueblo, y como manda la tradición la banda de música lo acompaña con marchas fúnebres, los pequeños de la banda están sobrecogidos con la situación y no lo entienden pero lo hacen sin rechistar.

A las nueve de la noche las imágenes vuelven a salir por las calles del pueblo pero esta vez acompañados por la Virgen de los Dolores, las marchas se suceden y llega el momento en el que tocan algo muy conocido, “Saeta”, la emoción irrumpe en la gente, se ven lágrimas dueña de ella y ahora sí el director respira tranquilo, se da por satisfecho y felicita a sus músicos con emoción.

Sobre las once la procesión llega al templo pero esta vez antes de encerrarse durante un año, en el cielo aparecen los destellos de los fuegos artificiales, las fiestas son cerradas por el conocido como “forastero” ese que nunca nadie espera. Las voces de los músicos suenan con fuerza por última vez en estas fiestas, entonan el Salve de nuevo, pero ya han acabado. Felicidad y nostalgia los invaden. Han hecho un buen trabajo en su primera vez, pero quieren seguir aunque estén agotados. Llegan las despedidas pero con las esperanza de volver a repetir la experiencia pronto.

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